METROMUSTER
2003-2019
La génesis de Metromuster se remonta a la experiencia formativa de Xavier Artigas en París, donde en 2003 desarrolló su práctica como artista visual mientras preparaba el acceso a la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts. Durante esta experiencia de año y medio, Artigas entró en contacto con el colectivo de los llamados Anti-Pub, una formación que hacía intervenciones de sabotaje en los anuncios publicitarios del metro parisino a principios de la década del 2000, aplicando tácticas que se inspiraban en el détournement propuesto por la Internacional Situacionista. La metodología de este colectivo consistía en extraer los elementos textuales de los inmensos carteles que cubren las paredes de las estaciones de metro de la capital francesa, para preservar únicamente sus imágenes. De este modo, según el colectivo, se liberaban las representaciones visuales utilizadas por la publicidad de su función mercantil, transformándolas en elementos estéticos de acceso universal.
Esta aproximación sirvió de inspiración para la práctica artística de Artigas, quien elaboró una propuesta que iba más allá de la simple intervención en el espacio público. Su proceso consistía en la apropiación de grandes recuadros cortados con cutter de las imágenes publicitarias para descontextualizarlas del mensaje por el que habían sido concebidas y así someterlas a un proceso de resignificación estética. Artigas incorporaba así la trama offset, elemento característico de la impresión publicitaria industrial como base formal para la creación de nuevas composiciones visuales. Mediante técnicas tradicionales de grabado en madera y linóleo, generaba obras en las que se establecía una dialéctica entre la reproducción mecánica propia de la publicidad y la dimensión artesanal del proceso creativo. Una de las obras que más inspiró esta contraposición estética fue "La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica" de Walter Benjamin. La temática de los cuadros giraba en torno a la vida urbana y los contrastes sociales, cuyo lenguaje visual expresionista recordaba la obra de autores como Franz Masereel o Helios Gómez.
La denominación "Metromuster" sirvió de marco conceptual de esta práctica artística. El término Metro alude simultáneamente al espacio físico de donde provenían las imágenes apropiadas ya una metáfora del movimiento subterráneo (las subculturas urbanas), de las redes invisibles y de las formas de resistencia cultural. "Muster", palabra de origen alemán que designa "patrón" o "modelo", hace referencia tanto a la estructura repetitiva característica de la trama offset como a los patrones sociales que definen a las sociedades capitalistas posmodernas: la precariedad que se reproduce trágicamente de forma mecánica, incluso en paradigmas productivos liberados del trabajo industrial. Metromuster nacía así como una propuesta que pretendía investigar las intersecciones entre la estética y la sociología con el objetivo de abrir rendijas de resignificación crítica.
La trayectoria de Metromuster experimentó una evolución significativa en el momento en que Artigas adquirió una pequeña videocámara que le permitía grabar fragmentos de vidas en los mismos espacios de los que extraía los soportes que servían de base para las obras artísticas, es decir, los laberínticos pasillos subterráneos del metro de París. El proyecto superaba así el ámbito de las artes plásticas para expandirse hacia la creación audiovisual, manifestándose inicialmente en una serie de piezas cercanas al vídeo-arte que reflexionaban sobre el espacio urbano y las formas de habitar la ciudad en los no lugares que había descrito el antropólogo francés Marc Augé. Esta forma de entender los espacios urbanos como alegoría susceptible de análisis crítico constituyó un referente fundamental para la visión que Metromuster desarrollaría en su práctica documental.
En 2009, ya de vuelta a Barcelona, Artigas inició el desarrollo de NO-RES, vida y muerte de un espacio en tres actos, un proyecto de largometraje documental con el que Metromuster se consolidó como productora audiovisua. NO-RES, el primer largometraje dirigido por Xavier Artigas, recibió el apoyo logístico del Máster en Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra, un aval institucional que contribuyó a su legitimación en el campo del documental catalán contemporáneo.
Un elemento crucial en la configuración estética y narrativa de NO-RES fue la contribución de la cineasta Meritxell Collell en el proceso de montaje. Su aportación fue más allá de la dimensión técnica para terminar constituyendo una influencia en la concepción global del proyecto. Previamente, Collell y Artigas habían colaborado en el montaje de una trilogía documental centrada en mujeres luchadoras barcelonesas, producida en el marco del Taller.doc del Canal 33 (por iniciativa de la productora Paral·lel 40). Esta colaboración anterior estableció algunas de las bases metodológicas y estéticas que posteriormente se aplicarían a NO-RES.
Es en este documental donde cristalizó uno de los principios fundacionales de Metromuster, es decir, la dimensión comunitaria de la configuración de sentido a través del arte. NO-RES fue concebido desde sus inicios como proceso de creación colectivo, tanto por lo que hace su producción (se trata de una de las primeras campañas de crowdfunidng del Estado español) como por lo que respecta al contenido narrativo de la obra: el documental avanza a medida que va configurando una comunidad formada tanto por los propios protagonistas, como por los futuros espectadores. Se rompía así el esquema jerárquico tradicional de la creación artística para dar paso a formas de emancipación estética. Éste es el punto donde Metromuster empezó a conectar de manera significativa con el pensamiento de Jacques Rancière, sobre todo en lo que respecta a sus ideas sobre la democratización de la experiencia estética.
NO-RES se convirtió en la primera coproducción de TV3 portadora de una licencia Creative Commons: Metromuster forzaba así que la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales de Cataluña abriera la puerta a renunciar a las licencias privativas (copyright) en proyectos que recibían financiación pública o comunitaria. De esta forma se materializaba otro de los principios fundacionales del proyecto: el compromiso con la Cultura Libre. Este documental, que narra el proceso de desaparición de la barcelonesa Colònia Castells como espacio de vida y reflexiona sobre los procesos de gentrificación urbana -temática que manifiesta una de las preocupaciones centrales de Artigas por el uso y la transformación del espacio público-, fue reconocido como mejor documental nacional en el festival DocumentaMadrid (2011). Este reconocimiento contribuyó de forma decisiva a la consolidación de Artigas como director y de Metromuster como referente en el ámbito del documental político de creación.
El estreno de la NO-RES coincidió cronológicamente con la emergencia del movimiento 15M, una coyuntura que propició la participación de Artigas en nuevos espacios de intercambio, activismo y creación de vínculos comunitarios. Esta confluencia temporal generó dinámicas de reciprocidad y sinergias creativas que han tenido una influencia perdurable en la trayectoria posterior de Metromuster, configurando una red de afinidades afectivas y solidarias que trascendían el ámbito estrictamente profesional.
Artigas integró su práctica como activista audiovisual en la comisión audiovisual del 15M (15Mbcn.tv), espacio que le permitió experimentar y desarrollar en un contexto colectivo muchas de las propuestas teóricas y metodológicas que había explorado previamente. Esta experiencia constituyó el punto de partida para el proyecto Ciutat Morta, que surgió como respuesta por la indignación generada por la muerte de Patrícia Heras en 2011, la joven poeta que decidió poner fin a su vida en relación con el controvertido caso 4F.
Codirigido con Xapo Ortega, quien Artigas conoció durante las movilizaciones del 15M, Ciutat Morta se estrenó finalmente bajo el sello de Metromuster en 2013. Debido a su considerable repercusión pública y mediática, el documental contribuyó a la expansión de la productora, la cual pasó de ser una sociedad limitada unipersonal. la Red de Economía Solidaria (XES) de Cataluña.
Esta transformación consolidó Metromuster como uno de los proyectos de referencia en el ámbito de la producción audiovisual vinculada a iniciativas políticas, activistas y del tercer sector en Cataluña durante la segunda mitad de la década de 2010. Su nueva configuración colectiva dio lugar a una producción diversificada que incluía vídeos promocionales, campañas de sensibilización, brand en festivales internacionales, entre los que destacan el ya mencionado Ciutat Morta, Tarajal, desmontando la impunidad en la frontera sur e Idrissa, crónica de una muerte cualquiera.
Idrissa, el último proyecto de Metromuster antes de su disolución, representó la culminación de los principios que habían motivado la creación de este proyecto político-artístico: el documental no se limitaba a narrar de forma distante la crónica de una injusticia, sino que intervenía en la misma realidad que pretendía describir, convirtiéndose así en un auténtico dispositivo de Idrissa Diallo -muerte de forma opaca en el Centro de Internamiento por Extranjeros de Barcelona- hasta su pueblo de origen (en Guinea) para que su familia pueda celebrar el ritual funerario correspondiente. Al mismo tiempo, Metromuster conseguía, gracias a una potente recogida de firmas coordinada desde la entidad Cerramos los CIEs, que una plaza de Barcelona dedicada a un comerciante de esclavos (Antonio López), cambiara su nombre y se convirtiera en la Plaza Idrissa Diallo. Se trata probablemente de uno de los legados más significativos que ha dejado este proyecto para su posteridad.